Cuando empezamos a conocernos, nos atrajeron las D/s. Yo no sabía lo que eran esas siglas ni lo que significaban. No sabía que había un nombre específico a mis muchas fantasías.
Entonces comenzamos a jugar. Era muy estúpido. Pero ese "juego" inofensivo me causó muchas contradicciones. Demasiadas. Tantas, que muchas veces terminábamos enfadados. Muy enfadados.
Había mucha incoherencia. No supe hasta mucho tiempo después que muchos de los disgustos, enojos y peleas fueron por no entendernos. Pero no mutuamente, sino cada uno en particular.
Sobre todo yo. Todavía ahora, me cuesta decir las cosas. Lo que siento en cada momento. Lo que me preocupa o lo que ocupa mi mente. Lo más importante. ¿Qué ocupa mi mente en cada instante?
Mucho más si estás, no sólo en una sesión, sino en el día a día. Si quieres jugar "siempre".
La gran mayoría de veces ni si quiera entiendes qué te sucede. En mi caso, las órdenes me incomodaban de tal manera que me irritaban. Y algunas órdenes me encolerizaban.
Él no me entendía porque pensaba que todo debía gustarme y que mi cuerpo reaccionaría al instante.
Y estaría dispuesta. Y caliente...
Muchos hombres piensan así (sin querer). Porque funcionamos distinto. Y no digo que todas las mujeres seamos iguales y que reaccionemos todas de la misma forma. Pero es cierto que las mujeres somos más mentales. Sigue un rato más con el juego mental y estaremos donde quieras. Pero no chasquees los dedos a los cinco minutos porque el juego no consiste en eso. Y ahí está el error.
Y el error también está en no tener tiempo para conocerse. En no conocerse a uno mismo. Ni saber lo que te gusta y lo que no. A mi me pasó eso. No me conocía. Ni si quiera sabía qué deseaba, qué me gustaba, qué me motivaba...
Las D/s son un juego "mental" muy provocador. Al que cuesta muchísimo acostumbrarse porque no se rige por el convencionalismo de lo "establecido". Y en el que la confianza debe ser máxima y se debe de hablar y analizarlo todo. Parece exagerado, pero también, muchas veces se llevan a cabo prácticas más intensas.
Yo ya no hablo en el plan físico. Hablo más del psicológico. Y aunque repito, es un juego. Es un juego donde las emociones se intensifican. Donde cualquier recuerdo puede jugarte una mala pasada. Donde "apretarte" un poco más para que hagas lo que desean puede llevarte a un lugar donde exista esa contradicción que te haga sentir demasiado...Y ese más, te haga enojar, te haga llorar, te haga reír, te haga excitar...depende de muchas cosas.
Si la otra persona sabe de ti, sabe cómo conducirte puedes traspasar muchas barreras o puedes quedarte estancada.
Muchas veces he leído sobre la contradicción que le supone a ciertas personas las D/s. Muchos lo consideran sin alternativa, un juego. Otros lo consideran un estilo de vida. No creo que haya nada que objetar. Es la manera que dos personas se relacionan más allá de su dormitorio. O en su dormitorio.
A mi las dos maneras me parecen perfectas.
He de decir que de las dos maneras, uno se predispone a "sentir" cosas que quizás en un encuentro sexual "normal" no sentirías. Es difícil de explicar y más para quien no logra comprender que las personas somos todas muy distintas y sentimos muy distinto. Cualquier situación nos hará reaccionar de una manera determinada por cada una de nuestras características. En el sexo no es diferente.
Y la forma de vivirlo se intensificará por todo ello.
Yo: No soy yo.
Necesito sentir que estoy en inferioridad a mi pareja, que estoy supeditada a él. En esos momentos deseo sentir que mi otro yo, usurpó mi cuerpo y mi mente. Soy simplemente un objeto por unas horas. Deseo sentir esa condición. Esa persona dispone de mi para hacer lo que desee. Y yo obedeceré ciegamente. Mi mente borra todo lo preestablecido. Borra cualquier problema, cualquier preocupación, pero sobre todo borra cualquier vestigio de realidad.
La realidad es el momento. Ese momento.
Entonces en mi mente se produce un cambio automático. Confía al cien por cien en él. En cualquier práctica y en cualquier decisión que pueda tomar. En el fondo, te entregas a esa persona con total confianza. Nunca deja de ser parte de un juego que puedes parar en cualquier momento. Y esa quizás es la clave. Te abandonas. Sólo sientes. Sólo deseas sentir. Ser libre. Libre para poder sentir todo aquello que deseas. Dolor, miedo, humillación...lo que sea. Para poder reír o llorar.
Nada te lo inventas. Nada es exagerado, nada es parafernalia. Sientes lo que sientes. Y ya está.
Por eso también entiendo la manera de escribir que tienen a veces algunas personas que viven intensamente el BDSM. Uno se sumerge tanto en lo que siente, que a veces ese sentir se hace grandilocuente.
Sobre todo yo. Todavía ahora, me cuesta decir las cosas. Lo que siento en cada momento. Lo que me preocupa o lo que ocupa mi mente. Lo más importante. ¿Qué ocupa mi mente en cada instante?
Mucho más si estás, no sólo en una sesión, sino en el día a día. Si quieres jugar "siempre".
La gran mayoría de veces ni si quiera entiendes qué te sucede. En mi caso, las órdenes me incomodaban de tal manera que me irritaban. Y algunas órdenes me encolerizaban.
Él no me entendía porque pensaba que todo debía gustarme y que mi cuerpo reaccionaría al instante.
Y estaría dispuesta. Y caliente...
Muchos hombres piensan así (sin querer). Porque funcionamos distinto. Y no digo que todas las mujeres seamos iguales y que reaccionemos todas de la misma forma. Pero es cierto que las mujeres somos más mentales. Sigue un rato más con el juego mental y estaremos donde quieras. Pero no chasquees los dedos a los cinco minutos porque el juego no consiste en eso. Y ahí está el error.
Y el error también está en no tener tiempo para conocerse. En no conocerse a uno mismo. Ni saber lo que te gusta y lo que no. A mi me pasó eso. No me conocía. Ni si quiera sabía qué deseaba, qué me gustaba, qué me motivaba...
Las D/s son un juego "mental" muy provocador. Al que cuesta muchísimo acostumbrarse porque no se rige por el convencionalismo de lo "establecido". Y en el que la confianza debe ser máxima y se debe de hablar y analizarlo todo. Parece exagerado, pero también, muchas veces se llevan a cabo prácticas más intensas.
Yo ya no hablo en el plan físico. Hablo más del psicológico. Y aunque repito, es un juego. Es un juego donde las emociones se intensifican. Donde cualquier recuerdo puede jugarte una mala pasada. Donde "apretarte" un poco más para que hagas lo que desean puede llevarte a un lugar donde exista esa contradicción que te haga sentir demasiado...Y ese más, te haga enojar, te haga llorar, te haga reír, te haga excitar...depende de muchas cosas.
Si la otra persona sabe de ti, sabe cómo conducirte puedes traspasar muchas barreras o puedes quedarte estancada.
Muchas veces he leído sobre la contradicción que le supone a ciertas personas las D/s. Muchos lo consideran sin alternativa, un juego. Otros lo consideran un estilo de vida. No creo que haya nada que objetar. Es la manera que dos personas se relacionan más allá de su dormitorio. O en su dormitorio.
A mi las dos maneras me parecen perfectas.
He de decir que de las dos maneras, uno se predispone a "sentir" cosas que quizás en un encuentro sexual "normal" no sentirías. Es difícil de explicar y más para quien no logra comprender que las personas somos todas muy distintas y sentimos muy distinto. Cualquier situación nos hará reaccionar de una manera determinada por cada una de nuestras características. En el sexo no es diferente.
Y la forma de vivirlo se intensificará por todo ello.
Yo: No soy yo.
Necesito sentir que estoy en inferioridad a mi pareja, que estoy supeditada a él. En esos momentos deseo sentir que mi otro yo, usurpó mi cuerpo y mi mente. Soy simplemente un objeto por unas horas. Deseo sentir esa condición. Esa persona dispone de mi para hacer lo que desee. Y yo obedeceré ciegamente. Mi mente borra todo lo preestablecido. Borra cualquier problema, cualquier preocupación, pero sobre todo borra cualquier vestigio de realidad.
La realidad es el momento. Ese momento.
Entonces en mi mente se produce un cambio automático. Confía al cien por cien en él. En cualquier práctica y en cualquier decisión que pueda tomar. En el fondo, te entregas a esa persona con total confianza. Nunca deja de ser parte de un juego que puedes parar en cualquier momento. Y esa quizás es la clave. Te abandonas. Sólo sientes. Sólo deseas sentir. Ser libre. Libre para poder sentir todo aquello que deseas. Dolor, miedo, humillación...lo que sea. Para poder reír o llorar.
Nada te lo inventas. Nada es exagerado, nada es parafernalia. Sientes lo que sientes. Y ya está.
Por eso también entiendo la manera de escribir que tienen a veces algunas personas que viven intensamente el BDSM. Uno se sumerge tanto en lo que siente, que a veces ese sentir se hace grandilocuente.

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