le chambre noir

mardi

Calme...





Me he dado cuenta de algo. Los recuerdos ya no me duelen.
O simplemente, los recuerdos ya no me asaltan.

Creo que por fin, después de media vida, hice las paces con el pasado.
Hice las paces con mi cuerpo. Conmigo misma.

Hay días que la más absoluta calma se instala en mi y me dejo flotar.
Puedo leer otras historias sin que la ira se apodere de mi. Puedo llegar al corazón de muchas otras mujeres. Entenderlas. Abrazarlas. Sentir su dolor. Entenderlo.
Pero la oscuridad ya no me atrapa.

Me siento fuerte. Me siento bien. Eso no quiere decir que de vez en cuando recaiga en ese laberinto lleno de zarzas al que a veces vuelvo. Sin querer. Sin desearlo. Es imposible cerrar del todo esa puerta. Y observo mis viejas cicatrices. Pero ya no sangran. Sólo escuecen.

Me observo desde el cielo y veo que todavía debo crecer un poco más. Debo continuar avanzando en esta tierra triste y hostil pero que es la única que tengo, que tenemos.
Y seguir sin miedo a perderme de nuevo.



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