-Eres tremendamente sensual ¿no te das cuenta? Te controlas, pero eres muy sexual...
Y eso me hizo pensar.
Hace muy poco que me he dado cuenta de algo muy importante. Como, la vida, te arrebata de cuajo una parte importante de uno mismo. La sexualidad.
Es triste que a la mitad de la vida de uno, de pronto surja esa idea y te atraviese. Te parta en dos.
Ya no duele. Pero te invade la ira. A mi me invade un enojo extraño.
Jamás sentí culpa. Sólo vergüenza y odio. Y la necesidad imperiosa de que jamás nadie lo supiera, que jamás lo supiera mi madre. Jamás debería saberlo. Ella moriría de culpa y de pena.
Y ni era su culpa y no quiero su pena.
Las personas tenemos la mala costumbre, lo hacemos sin querer, de mirar con ojos de lástima a quien le ha pasado algo, le ha sucedido algo malo. Y creo que es lo peor que podemos hacer. Nadie necesita la lástima de nadie. Necesita quizás apoyo. O sentirse reconfortado.
Pero nunca necesitas la lástima de nadie. Porque no sirve de nada.
Hago un esfuerzo por recordarme de niña. Tengo algunas imágenes que me saltan a la mente.
Recuerdo que era pequeña, no sé cuan pequeña, pero quizás cinco años, no lo sé. Recuerdo estar en casa de mi abuela, sola en una habitación, mientras los adultos conversaban abajo en el comedor.
Recuerdo que estaba "enamorada" de mi tío. Cuando en aquella época esa familia todavía era mi familia. Recuerdo masturbarme y terminar. Creo que fue mi primera vez.
Recuerdo otra escena, no sé de cuando, pero también era pequeña. Pasándome una cuerda por mi sexo y atándome de alguna manera. Son imágenes confusas que he tenido guardadas en mi mente todos estos años. Como si fueran malas. Como si no estuvieran bien.
Recuerdo una niña de seis años bastante presumida que gustaba a los niños . Todos querían ser mis "novios". Vivíamos en un mundo donde todos jugábamos en la calle.
Fue la época donde escuché de la boca de una niña que yo era una puta. Recuerdo como aquello me hizo sentir mal, porque yo no hacía nada. Tan solo, que los niños siempre estaban pendientes de mi.
Y a mi eso me encantaba.
Ahora, mirándome en retrospectiva veo a una niña con un potencial sexual increíble. Con fantasías extrañas. Siempre imaginaba cuerdas. Imaginaba que un hombre alto y guapo me cuidara, me mimara, me hiciera sentir su princesa, que me eligiera la ropa, me azotara en sus rodillas cuando me portara mal. Tenía tan solo seis años, quizás menos.
Todo se rompió.
A los 7 años mi vida cambió.
Mi padre abusó de mi. No una, sino tres veces en diferentes meses.
Es la primera vez en 38 años que puedo pensarlo con claridad y escribirlo. No sé el porqué ahora.
Quizás porque estoy en un proceso intenso de querer sentir que hay una parte de mi que se ha liberado de ese lastre. Bueno...liberarse no es la palabra. Jamás te liberas de algo así.
Pero sí puedes llegar a un punto donde comprendes. Comprendes que necesitas vivir. Comprendes que "eso" no puede condicionarte más. Ni en tus relaciones sociales y mucho menos en tu sexualidad.
Que no quiero seguir viviendo "escondida". Y aunque jamás podré superar según que cosas...quizás podré mitigarlas.
Hace unos meses empecé a leer sobre los abusos a menores. Hay datos escalofriantes.
Hay historias, que comparadas con la mía...siento que no debería abrir la boca. Pero también he aprendido que todas las historias de abuso, cualquiera por pequeña que sea deja su marca.
Y nunca nadie debe pensar que lo de uno es menos.
A cada persona le afecta, le traumatiza, le destroza a su manera.
A mi me ha costado 38 años de mi vida hablar libremente sobre ello.
Y aún así, tengo una sensación de vértigo mientras voy escribiendo.
Quizás este diario me sirva para exorcizar mis demonios.
Y sí, necesito que sea público.

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