Nunca te liberas del todo. Y lo comprendes sin más.
Y sí, puedes tener todo el coraje y toda la valentía del mundo. Pero allí sigue.
Y te das cuenta que te incapacita para según qué cosas. O no. Eso es lo que creemos.
Odio ir de mártir.
Ayer leí que la "adversidad fortalece el espíritu"...lo primero que contestaría mi "yo guerrero" es: los cojones!. Luego me sonrío y pienso que quizás si. Pero que no nos damos cuenta. O que todo es una patraña para poder seguir hacia delante. Para no tirar la toalla. Para no lanzarte a las vías del tren. Para no dejar a tus seres queridos huérfanos de explicaciones. Y de culpa.
Porque la culpa es muchísimo peor que cualquier otro sentimiento. Te carcome.
Entonces sigues hacia delante. Y vives. Aunque a veces lo hagas a medias.
Hay temporadas donde sólo ves la vida pasar. No sabes el porqué. Pero no tienes fuerzas.
Ni ganas de esforzarte más.
Por suerte, como por arte de magia, a la mañana siguiente todo es distinto. La nada se convierte en algo. Y olvidas por otro tiempo más.
No pasa nada. Siempre estará ahí. Como una cicatriz.

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