Muchas veces pienso en Naisha.
Es con la única persona que puedo hablar libremente y sentirme tranquila cuando hablamos sobre este tema. Con la que no me condiciono, no siento vergüenza, ni pena, ni rabia, ni nada.
Simplemente hablamos. Quizás lloramos, nos miramos a los ojos, nos entendemos.
Hace unos meses hablamos. Y me quedó algo rondando en la cabeza. -Tú has podido superarlo ¿cómo?. Y su angustia me traspasa. Sí. Sé que he podido superarlo. Ya no me daña.
Vivo entendiendo. Vivo recordando, pero los recuerdos ya no me duelen. Ya no.
No soy ni creo que sea tan fuerte para decirlo en voz alta a dios y a su madre.
Pero sí puedo afrontar y puedo hablar del tema. Sin involucrarme, sin decir qué sé lo que se siente, que lo he vivido. Yo me hago espectadora y puedo dar mi opinión.
Antes no podía hacer ni eso.
O sea que mi progreso para mi es un diez.
Sí, puede que haya gente que opine que debería hacer esto y lo otro. Pero para mi no es importante. Es algo que queda en mi pasado y ya no me afecta tanto.
Naisha está en esa etapa, creo, de ira. Ira hacia su padre, al que ya no puede perdonar.
Algo en ella se rompió. Llegó el momento de la lucidez. Después de tantos años de sobrevivir a ese mundo oscuro en el que vive. De depresión. De tristeza permanente. De baja autoestima.
De miles de antidepresivos, pastillas para dormir. De relaciones tóxicas con hombres gemelos a su padre. De aventuras de sexo sin control. De angustia. De terror. De no ser comprendida. Muchas veces, ni si quiera ni por mi. No la entendía. No podía entenderla.
Las secuelas de la infancia son tan graves que la única palabra que siempre me viene a la mente cuando pienso en su vida es la de la supervivencia.
No hay otra. Sobrevive.
Y de esa supervivencia ha hecho un estilo de vida.
Que ahora, poco a poco se va tambaleando, ya no le vale. Necesita avanzar. Y empezar a vivir.
A poder tener un trabajo. A quererse. A dejarse querer.
Pero, no lo consigue. No avanza. Y yo, no consigo ayudarla. Porque no soy terapeuta y porque lo que me ha servido a mi no tiene porqué servirle a ella.
A mi me sirvió leer sobre el tema de los abusos, ver conferencias y charlas.
Y sobre todo, escribirlo.
Escribirlo ha sido lo más duro. Abrir este blog.
Empezar a teclear y sentir que me tiemblan aún las piernas cuando lo hago.
O que se me hace un nudo en el estómago cuando escribo.
Que muchas veces, abro y cierro de nuevo el portátil, porque no puedo.
Escribir, es algo que da vida a lo que hay rondando en nuestra cabeza. Y cuando escribes de repente empiezas a recordar otras cosas.
Y sí...es doloroso. Pero a la vez te sumerges en un estado de vomitarlo todo y poco a poco es más fácil escribir. Un poco más fácil.
En mi caso, no quise que este blog fuera un drama, porque ya no hay drama.
Sólo hay superación.
Y también aprendizaje. Ganas de vivir mejor.
La sexualidad sana, forma parte de nuestra vida, por tanto yo también necesitaba escribir sobre ello.
Ojalá ella consiga avanzar. De la manera que sea. De la manera que sepa.

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