le chambre noir

vendredi

Papillons...





un papillon...

He leído una historia más, de una niña que se perdió demasiado pronto en un mundo de monstruos humanos. Son tantas las mismas historias. Repetidas. Siempre las mismas. 
Casi que parece imposible. Pero por desgracia no lo es. 

Leerla era como pensarme. Como si todo lo que hubiera escrito lo hubiera hecho yo misma. 

He conocido, por desgracia, a lo largo de mi vida varias mujeres víctimas de abusos. Hay algo en ellas, no sé lo que es, que las/nos diferencia del resto. Es algo sutil. Algo imperceptible. Algo que está en lo más profundo de la mirada. En la manera de escribir. En la manera de vivir. 
Algunas aprenden a querer ser felices. Aprenden a convivir con los recuerdos. Aprenden  tal como funambulistas a caminar por una delgada cuerda que es el día a día. 
Otras se quedan ancladas en la oscuridad. Y es terrible ver cómo se despedazan sin que nada puedas hacer por ellas. Porque sólo ellas pueden salvarse. 


deux papillons...

Las mariposas son esos seres mágicos que viven del aire. 
Son transparentes, etéreas, libres, mágicas. 
Revolotean a tu alrededor y desaparecen cuando parpadeas. 

Deseé ser una mariposa en muchas ocasiones y desvanecerme como polvo de estrellas. 
Tocada por una varita mágica de princesa de cuentos infantiles. 
Pero la grieta entre los dos mundos se cerró. Ya no hubo cuentos extraordinarios durante mucho tiempo. Hubo realidad. Una fría y simple realidad.


trois papillons...

Me extraña y me produce desasosiego que hayan personas, que vivan en un mundo tan alejado del que vivimos muchos otros. El mundo donde ocurren cosas. Cosas malas. Cosas monstruosas.
Donde se quedan sin palabras. Donde enmudecen ante heridas.

Pero a la vez, les admiro. Por vivir entre nubes de algodón. Por vivir ajenos a la tierra. Por desear (supongo) que los sucesos atroces, simplemente no los alcanzan. No están en su perímetro. 
Esas cosas suceden tan lejos...en otros países. En otros niños. 
En lugares donde Dios abandonó su odio y los dejó a su suerte.


quatre papillons...

Me sorprende también...a cómo nos enfrentamos todas y cada una de nosotras a ese día concreto o esos días o esos años...Cada una minimiza su historia y se pone en una milésima de segundo en la piel de otra mujer. Cada historia parece mucho más  que la propia. Me hace sonreír. 
Puedo ver por fin, que muchas de nosotras, la palabra resiliencia la llevamos tatuada en una parte del cerebro y del corazón. Y eso nos hace creer que nuestro sufrimiento no fue tal comparado con otra mujer. No está mal. Supongo. 



5 commentaires:

  1. Eva. Encantada de conocerte.
    Este texto. No puedo decir palabras coherentes ahora.

    En fin. Qué valiente tú.
    Ojalá tengamos la resiliencia.

    Voy a leerte más, bonita.

    Un abrazo muy fuerte.

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    1. Gracias Alice
      creo que todas somos valientes, aún sin proponérselo...
      besos preciosa

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  2. Ce commentaire a été supprimé par l'auteur.

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  3. Cuando vives una experiencia tan devastadora, no es difícil reconocerte en quienes la han vivido de igual forma.
    No sé con certeza cómo, pero se avanza. No tienes opciones. Ó peleas cada segundo de tu vida contra ello o te hundes en el más profundo y frío pantano.
    Hay días que te sientes capaz, otros solo te pones en posición fetal y cubres tu rostro con tus brazos esperando que la golpiza llegué a su final.
    No sé si de algo te sirva, pero te abrazo muy fuerte desde el fondo de mi corazón, allá donde aún nos sentimos capaz de acicalar tristezas tan propias pero ajenas.

    Sonríe, bella mariposa.

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    1. Muchísimas gracias A.
      Eres una persona encantadora, valiente y luchadora. Se intuye.
      Si no peleas estás expuesta a vivir entre la oscuridad y eso no debemos permitirlo.
      un gran abrazo A

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