le chambre noir

vendredi

y me desdoblo



No conocía este mundo en aquel entonces. No como ahora.
Le conocí a través de una amiga en una reunión de esas extrañas. En las que no quieres ir pero a las que te acaban convenciendo. Me aburría como una ostra.
Era la pareja de alguien y venía solo. Nos quedamos un rato hablando. Nada del otro mundo.
En unos días me llamó. Aluciné, porque no entendía nada.


No voy a explicar qué me pasó por la cabeza ni que me ocurrió en aquel momento. Tenía bastantes problemas con mi vida personal y creo que lo hice por venganza hacia mi misma.
Quedamos para hacer un café y hablamos. No sé cómo ni de qué manera la conversación se torció de una manera excitante. No recuerdo mucho. Mi mente lo borró, como borra a veces las cosas buenas también. Pero sé que algo se movió en mi interior.
Me recomendó unas lecturas que me pasó por mail.
Unos escritos que me abrieron de arriba a abajo.
Ojalá pudiera recuperarlos, pero era una época en que a mucha gente le hackearon los mails para conseguir contactos o eso me dijo mi informático cuando perdí mi cuenta de correo electrónico.
Se bloqueó y nunca más pude acceder a ella.


Eran sus pensamientos. En historias cortas, otras largas. Pero cargadas de un exquisito erotismo.
Pero eran un poco extrañas. Hablaba de ojos vendados, de cuerdas, de azotes, de sometimiento.


No sé cómo ocurrió...ni sé qué vio en mi. Nos vimos sólo dos veces.
La vida no me ha vuelto a cruzar en su camino y sé que tampoco querría hacerlo porque para mi quedó como si fuera un sueño.
Había complicidad. Nunca tuve miedo. Siempre sentí su "buen rollo".
No sé si sabía lo que hacía o si conmigo se atrevió con sus fantasías.


Tres horas simples cada vez. En una casa apartada llena de silencio.
Me hizo desnudar despacio. Estuvo detrás mío todo el tiempo. Notaba su aliento y su respiración.
De vez en cuando me asaltaba la duda de que me acuchillarían y lo tendría merecido. Por burra.
Me acarició. Sentí su deseo. Pero sabía que habría "algo más".
Lo habíamos hablado. Y yo le di mi aprobación. Confié.
Como jamás antes lo había hecho.


Hablaba despacio y me decía cómo le gustaría que yo me comportara.
Recuerdo que siempre obedecí. En el momento de cruzar esa puerta mi yo cotidiano, mi yo conocido se esfumó. Y me vi desde arriba. No era yo. Era otra mujer.
La que estaba en manos de un hombre que le había dado cierta confianza para sacar de ella otro tipo de mujer. La que estaba enterrada. La desconocida.
La que habitaba en ella y que tantas veces había pedido por salir pero siempre la había obligado a callar.


Vi la mujer que se arrodillaba a los pies de aquel desconocido. Que se tumbaba en la cama tiritando, no de frío, sino de nervios a lo que sentiría. La mujer que sintió que se quedaba sin respiración al primer azote, intentando identificar qué sentía de verdad. Si le gustaba o no.
Cuál eran las emociones al contacto de esa mano quemando su trasero. Cómo la comprobó por primera vez y notó que estaba muy mojada. Como nunca jamás había estado.
Se preguntaba si aquello era posible y le costó dejarse llevar, dejar de pensar en racionalizar todas las emociones que iba descubriendo.
Cuando la miró con esa mirada oscura y la obligó a bajar la vista. Cuando le habló de cómo le hacía sentir y qué era ella en aquellos momentos. Como respiraba sin que se notase, como notaba el poder de él, de sus palabras. Siguió azotándola encima de sus rodillas. Se sentía pequeña pero no podía dejar de sonreír. Tuvo que contar. No sabía qué le pedía...contó sus azotes...cincuenta más.
¿Cuántos llevaban? El dolor parecía insoportable en algunos momentos, pero ella nunca quiso quejarse. Quería saber cuánto más podía resistir.
Perdió la noción del tiempo.


Mi yo se desdobló en las dos ocasiones en que nos vimos.
A veces quiero recordar todas esas sensaciones. Pero no lo consigo. Lo hice cuando empecé a leer sobre BDSM. Cuando leí lo que sentían las Spankees.
Pensé que podía conseguir más de mi cuerpo. Que había algo más.


Sé que lo hay.
Y lo conseguiré con él.

Aucun commentaire:

Enregistrer un commentaire