le chambre noir

mercredi

La locura como sabrás, es igual que la gravedad. Sólo necesita un pequeño empujón. (Jocker)




Es simple. La tristeza me atrapa y parece que sólo desee correr.
Mi cabeza es un torbellino de oscuridad. Ni si quiera pienso en trágicos silencios. Sólo me pesan los ojos una tonelada y lloraría hasta acabar con las lágrimas.
Hay algo en mi que no va muy bien pero me da lo mismo, por que al final, la que ha de vivir en este mundo soy yo y, a veces, no puedo con la vida.
Hago un esfuerzo.
Deseo salir del túnel. Las piernas se aferran a la gravedad y yo no puedo arrastrarlas más. No hay aire para respirar, ni si quiera para pequeñas bocanadas.
Escapar de esta sensación es mi mayor destino. Unas horas sin pensar. Sin que la realidad me atrape con su maldad. Dejar la mente en blanco.
Sólo sentir.

Es puntual. Yo también.
La habitación es muy grande. Es casi un mini estudio. Hay un sofá de piel, curvilíneo, muy provocador. La mente empieza a ondearse.
Me desnudo. Él lo pidió. Sonríe. Sé que le gusto. Sabe que hoy quiero dejarme en el descansillo. Mi otro yo ya está aquí, desnuda y dócil. La necesidad de abandonar el cuerpo para abandonar la mente en algún rincón oscuro. Pero cálido.
Donde nada sea difícil y angustioso.

Él me observa y mis ojos ya no miran a ningún lugar. Vago entre mis sombras, entre mi locura y le imploro que no sea benevolente. Lo capta. Siempre lo hace, por mucho que pase el tiempo.

Es suave al agarrarme del brazo y colocarme de rodillas encima del sofá. Sus manos son afectuosas y suaves. Pero no tendrán indulgencia con mis gemidos.

Hoy sostendré mi cuerpo a la locura de mi mente cansada por el desánimo. Soportaré las horas de dolor sin tregua, por que así lo desea mi este yo maldito.

El sudor frío recorre mi espalda. No me da tregua esta vez. Soy de controlar muy bien las agujas del reloj, pero en algún momento dejé pasar el tiempo. Hoy están las manos, luego la vara, luego la fusta. Siempre me comprueba y le oigo murmurar.
-Estás mojada...todo el tiempo...
Hay lapsos, cuando creo no poder resistirlo, entonces le siento dentro de mi. Se mueve tranquilo, con calma. Siento sus dedos en mi espalda y sus manos en mi cintura.

Intercambia el dolor por trazos de placer. Hay instantes que creo no poder aguantar.
Siento el olor de mi propio sudor animal y el intenso calor que desprende mi culo.
Está ardiendo. Mi espalda también.
Mi cabeza dejó de pensar. Dejó de existir. Sólo existe la sensación contradictoria de sus manos maltratando mi cuerpo. Y es sublime.

Me miro en el espejo y le pregunto la hora. Me sonríe. Las marcas y casi cuatro horas.
Me siento flotar. Toda la tensión ha desaparecido.Me ha quedado una sensación de euforia que no es parecida a nada. Mis ojos han cambiado. Él vuelve a sonreír.

-Vamos a comer algo, hoy te lo mereces.

No sé si yo...o él...

Hoy el día va a ser mucho más ligero, agradable. Y mi mente me dará una tregua.
Respiro aliviada. Qué sensación.

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